Y qué si el lunes me hace volar,
si no puedo borrar la marca de sus colmillos
si viene cuando acaba el martes
arde y... una noche más.
Y qué si me cierra la puerta en medio de un miércoles
y el jueves me deja la llave en la maceta de su portal.
Qué le hago si me gusta el juego,
el fuego, el hielo
y él hace un duelo entre su boca y mi beso.
Y qué si unos viernes me quita y otros me dá,
no me importa si con la luna me vuelve a elevar
y vuelvo a volar a oscuras.
Y qué más dá, si en esa oscuridad
vi sus alas, sus ojos libres.
Primero me enamoro de las alas,
luego pierdo el control de todo lo demás.
Me da igual
porque si el sábado no encuentro la llave,
o desaparece esa maceta
me abre todas sus ventanas
y va desplegando las alas mientras llego,
porque siempre estoy llegando.
Ya es domingo, tengo vértigo y sigo llegando
sigo subiendo
con sus alas,
que abiertas o cerradas me buscan cada día.
A veces huye de noche
por el camino que va a mi calle
y acabamos en las nubes.
Por eso primero me enamoro de las alas.

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