Te juro que he visto al sol salir y ponerse en aguas mágicas, he fotografiado paisajes que aun están en mi retina, y que maravilla... Pero también te he visto a ti despertándote y dormir y, créeme, me quedo con tu media sonrisa y con la luz que deja entrar tu persiana y se clava reflejada en tu espalda. Que cada noche al abrazarme crees que estás rompiéndome y en realidad me estás arreglando. Me callo y te dejo seguir, ahí, con los ojos cerrados y evitando que se nos escape ese "algo", esa chispa de magia que aun vuela y nos vuela a los dos. Te dejo seguir porque esto, como todo, termina y se desgastan las alas. El resto ya lo sabes, cuando prefieras abrazarme con los ojos abiertos, cuando yo prefiera ir en busca de otros paisajes y las mañanas ya no vibren como antes, acabará; los pies bajarán del cielo al suelo dándonos una bofetada de realidad. Así es la vida, unas veces eres el cuchillo y otras la herida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario